La última rubia

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La experiencia histórica demuestra que la involución de las libertades es inevitable en todo régimen político y en cualquier organización social humana. Debido a diferentes avatares, es habitual que se den en ellos y en ellas épocas de mayor y menor libre albedrío de los ciudadanos; tanto en la vida pública como en la privada.

Uno de los casos paradigmáticos es el de los compositores e intérpretes de canciones. Ya sea por coacciones de la legislación y de los jueces, por intereses económicos de las compañías discográficas, por amenazas del público y de los seguidores, o por propia convicción o iniciativa, no es infrecuente que omitan cantar determinados temas o que los modifiquen en un sentido que sea del gusto de la mayoría. Por lo general, estos cambios se justifican en que lo anterior quedó obsoleto o está fuera de época. Como si la libertad de expresión fuese un derecho con fecha de caducidad.

Traigo aquí como ejemplo un tema de Loquillo y Trogloditas, escrito por Sabino Méndez, conocido y apreciado, incluso en la actualidad, por un gran número de personas: «Cadillac solitario». Lo hago debido a que es muy frecuente que las nuevas generaciones desconozcan cómo eran las cosas antes de  haber aparecido en este mundo; no obstante: ¡tienen que saberlo! Pues el desconocimiento del pasado impide la comprensión del presente y la interpretación del futuro.

En el primer clip que constituye el vídeo Loquillo tenía 28 años, y en el segundo 45. Pero no se equivoquen; esta clase de acciones no están determinadas: ni por la edad, ni por la estatura, ni por el peso; todos ellos factores que se modifican con el transcurso del tiempo. Las causas, siendo múltiples, no tienen relación alguna con las citadas medidas antropométricas.

Con el fin de evitar la repetición de lo que quiero transmitir, a continuación pueden visualizar el vídeo en el que a través de una serie de imágenes en movimiento, y unas cuantas palabras en evolución, explico dónde reside el problema.